La vida en autogestión: sembrar, crear, salud popular, per Xabi Jaso Esain

 La vida en autogestión: sembrar, crear, salud popular

Xabier Jaso Esain, activista y antropólogo vasco

Hace un siglo, los fundadores del equipo de fútbol de la ciudad donde nací decidieron bautizar su proyecto no con una palabra en inglés (como estaba de moda) sino con otra que en la lengua de esa tierra vasca significa salud: Osasuna. Es discutible que los valores del actual fútbol profesional signifiquen vida saludable; en cualquier caso, lo sugerente es que esa palabra puede relacionarse con otras de la misma lengua cuya raíz remite a la idea de totalidad, de ser completo.

Cuando hace años comencé a conocer el mundo de la autogestión en Catalunya, recordé el sentido profundo de ese término. Me encontré con decenas de grupos y personas que de una forma u otra estaban en marcha para (auto)construir una vida saludable y no escindida, aun dentro de las categorías con las que en Occidente solemos parcelar la vida: economía, educación, salud, agricultura y alimentación, etc.

Los sistemas de “bienestar” individual dependiente no han hecho desaparecer las prácticas de autogestión: éstas surgen renovadas para dejar atrás la medicalización y el asistencialismo. Se trata de tomar las riendas de nuestra existencia: vidas libres, plenas e interdependientes.

 

Hablar de autogestión de la salud remite en parte a prácticas presentes en la humanidad a lo largo de la historia. Saberes de los que solían ser depositarias y transmisoras las mujeres. Pero la concepción de la salud como un estado de “bienestar” individual dependiente de sistemas públicos o privados no aparece hasta una fase tardía. De todos modos, estos sistemas no han hecho desaparecer las prácticas de autogestión: algunas de ellas se olvidaron, pero otras, como hemos visto en los últimos años, han surgido renovadas para intentar dejar atrás la medicalización de la vida y la dependencia hacia un modelo asistencialista.

 

Y es que llamar a la autogestión de la salud es invitar a que tomemos solidariamente las riendas de nuestra existencia: vidas libres, plenas e interdependientes.

 

La diversidad de la salud colectiva desde la autogestión

En Catalunya encontramos proyectos colectivos de salud que entienden su autogestión de formas diversas: desde la apuesta por la formación de facilitadoras/es a partir de un nuevo paradigma en salud y medicina, hasta quienes sitúan el eje en una relación terapéutica horizontal con personas usuarias, pasando por quienes practican el apoyo mutuo en grupo o son activistas barriales y alimentan tejidos comunales por la salud.

A la diversidad de planteamientos y tipos de organización más o menos estable que existen (colectivos, asociaciones, cooperativas…) hay que sumar las iniciativas puntuales de ateneos, centros ocupados y otros espacios alternativos de todo el territorio de los Países Catalanes en forma de jornadas, debates o talleres por la autogestión de la salud.

Por lo demás, quien trabaja por la autogestión en cualquier ámbito está creando salud, en principio. Es decir, la gestión colectiva de un huerto o un grupo de consumo de alimentos ecológicos de cercanía son también, potencialmente, grupos de autogestión de la salud. Lo son además en el sentido más integral de esta, pues en ellos se tendrían en cuenta la salud de las personas, la de otros seres y la del planeta en su conjunto. Asimismo, puede tener esa dimensión una plataforma de personas afectadas por las hipotecas, debido al apoyo mutuo y a su trabajo de transformación social. Y, qué duda cabe, también las escuelas libres y vivas, así como proyectos centrados en torno a la danza, el teatro, los grupos de reflexión, etc.

 

 

¿Pero por qué hemos dicho en principio? Porque la autogestión de la salud (o la salud colectiva desde la autogestión, para distinguir el primer concepto del que usan incluso algunas farmacéuticas refiriéndose al autocontrol de síntomas) se consolida si hay conciencia de que existe. Si la atención se orienta además a los procesos personales y grupales en un proyecto, su siembra promete ser fértil. En cambio, si las relaciones internas, por ejemplo, son vividas como algo instrumental, pueden crecer malestares que afecten tanto a la salud de las participantes como a la continuidad del proyecto. Del mismo modo, atender a las desigualdades de clase y de género es fundamental para entender la construcción de la salud.

Detrás de las diferentes miradas de la autogestión se detecta un fondo similar: la autoconstrucción colectiva de un presente y un futuro saludables, en la dirección de una soberanía en salud.

Haciendo un paralelismo con la idea de soberanía alimentaria o energética, podríamos decir que detrás de las diferentes miradas de la autogestión se detecta un fondo similar: la autoconstrucción colectiva de un presente y un futuro saludables, en la dirección de una soberanía en salud. En realidad, no puede haber emancipación en ningún campo si no la hay también en el resto y si, por tanto, no pensamos en términos de soberanía de vida.

 

Avanzando en la siembra colectiva de salud

Estamos en un momento que requiere una acción urgente en defensa de las condiciones que posibilitan la vida, atacadas por un capitalismo voraz que no es ajeno a nosotras/os y que solo desaparecerá si tejemos relaciones sociales a partir de otros principios. Por eso mismo, la acción y reflexión en torno a la salud colectiva desde la autogestión debe estar presente en el día a día de las activistas sociales y de los movimientos populares. Partiendo de ahí, vamos a reseñar tan solo unos puntos a modo de respuesta inacabada a la pregunta de ¿qué hacer?

Concebir la autogestión de la salud como guía de hábitos y remedios para mitigar los malestares del cuerpo no es malo, pero no detendrá la rueda del sufrimiento.

  • Aunque hay trabajos sobre prácticas tradicionales de preservación y promoción de la salud, queda mucha investigación y divulgación que hacer. Esa tarea puede orientarse tanto a los saberes locales como a los del Sur (un Sur, no solo geográfico, que está presente también en este Norte) y en las que el sujeto observador ha de recordar que no puede separarse de su experiencia de observación.
  • Concebir la autogestión de la salud como guía de hábitos y remedios para mitigar los malestares del cuerpo no es malo, pero no detendrá la rueda del sufrimiento. Quedándonos ahí no saldremos del pensamiento reduccionista, desde donde no se ve bien lo que sugiere el pensamiento complejo: no hay dualismo salud/enfermedad, sino vida que se desarrolla en dinámicas relaciones de intercambio. Será la construcción colectiva de la realidad en todas las parcelas (económica, política, ambiental, etc.) y desde todas las disciplinas relacionadas con la calidad de vida (no sólo las “sanitarias”) la que genere personas sanas en contextos saludables.
  • La acción espontánea o puntual puede ser valiosa, pero probablemente la consolidación de la autogestión colectiva de la salud vendrá de la mano de dos cosas: un cambio de forma de pensar en salud y la organización con voluntad de permanencia.
  • Catalunya es una de las zonas de Europa donde podemos encontrar más iniciativas autogestionadas de salud colectiva o comunitaria. Existen condiciones (como el arraigo del cooperativismo, del pensamiento libertario y del feminismo, entre otras) para que esta dinámica se desarrolle en zonas urbanas y rurales. Partiendo de que no hay una única forma de hacer autogestión en salud, esto es un acicate para llamar a la acción en este campo, en especial a quienes creen que pueden aportar algo creando colectivamente iniciativas en sus barrios o pueblos, o enriqueciendo las existentes.

Queda mucho por transitar en el camino de la autogestión, pero es bueno recordar que ni los seres ni sus proyectos (ni el Universo que los acoge) pueden ser ya pensados solo como átomos en el vacío, sino más bien como entramados de interacciones.

  • Se acostumbra a usar el término “salud comunitaria” para referirse en muchos casos a programas de intervención en o para comunidades. Pese a esta adulteración, que afecta también a la idea de “participación”, hay que tener presente que toda organización humana, igual que nuestra vida, está en permanente cambio, y que por tanto pueden surgir espacios donde diferentes visiones de lo comunitario puedan entrar en diálogo o colaborar.
  • Manteniendo el respeto a su diversidad y autonomía, podemos imaginar los proyectos de lo que llamamos “Salud Colectiva desde la Autogestión” como puntos o nodos de un sistema de salud popular extendido en el territorio. Queda mucho por transitar en este sentido, pero es bueno recordar que ni los seres ni sus proyectos (ni el Universo que los acoge) pueden ser ya pensados solo como átomos en el vacío, sino más bien como entramados de interacciones.
  • Y aunque sean palabras que no usamos demasiado en los movimientos sociales, quien suscribe estas líneas está convencido de que cultivar una actitud de empatía radical, de afecto, de presencia atenta y en definitiva de amor hacia las personas que nos acompañan en estos procesos (y hacia las que no están) no solo dulcifica la ruta hacia la salud plena: la hace posible.